Fría como el hielo

         FRÍA COMO EL HIELO

Ayer me levanté con el pie izquierdo, y acabé el día tremendamente agotado y con un humor de perros.

Lo primero que me crispó los nervios fue el agua: tengo la costumbre de tomar una ducha nada más levantarme —muy caliente—, y ayer el agua estaba fría como el hielo. Parece ser que la asistenta —por algún motivo de índole todavía desconocida— desconectó anteayer el calentador.

Salí de la ducha tenso como una cuerda de guitarra para encontrarme con que no quedaba leche; y, aunque pueda parecer ridículo, no sé desayunar sin leche. Pero eso no fue todo: mi mujer se molestó por mi irascible actitud y terminamos gritándonos.

Y cuando el día empieza mal… A media mañana me manché los pantalones al ponerme ketchup en la hamburguesa —cosa que me ocurre una vez cada diez años—, y un poco más tarde me enzarzaba en una desagradable discusión con el jefe de mi departamento, discusión que me ocasionó un terrible dolor de cabeza.

Por si fuera poco, por la tarde me llamó el director para propinarme una bronca de las que hacen historia. ¿El motivo?: parece ser que había extraviado un informe importantísimo.

Sí, fue una jornada muy completita… Una de ésas que parece no se vayan a acabar nunca.

Sin embargo, esta mañana el agua estaba caliente y he salido de la ducha más contento que unas castañuelas, para toparme con una pirámide de cajas de leche de un metro de altura que mi esposa había levantado —pacientemente— en medio del salón.

¡Cómo me he reído!… Después nos hemos pegado un revolcón sobre la alfombra y, tras un sensacional desayuno, he partido hacia el trabajo rebosando energía y optimismo.

Y cuando el día empieza bien… El camarero del bar me ha dicho que el envase del dichoso ketchup estaba mal perforado y que dos clientes más se mancharon ayer; y el propietario —que es un tipo estupendo— le ha ordenado que no me cobre los cinco próximos almuerzos.

Un poco más tarde, el jefe de mi departamento se ha disculpado por su necio comportamiento del día anterior, lo cual —dado el habitual talante severo de este hombre— me ha dejado un inmejorable sabor de boca.

Y por si fuera poco, también el director —increíblemente— me ha telefoneado para disculparse: parece ser que mi secretaria le subió el informe la semana pasada y él —muy ocupado en ese momento— lo guardó en uno de los cajones de su escritorio.

¡Qué día!

Hace una hora salí de la oficina —gratamente relajado— y decidí venirme a casa paseando. Ahora acabo de llegar al dulce hogar: he besado a mi esposa con pasión y la he convencido de que debe cambiarse de ropa inmediatamente; en cuanto esté lista nos iremos a cenar, y después a pasear por la playa.

Sí, he aprendido una valiosa lección: que hay que encarar la vida con optimismo y no dejarse arrastrar por los nervios, la intolerancia y el malgenio.

Bien, creo que tengo el tiempo justo de tomar una ducha; quizá piensen que soy un maniático del aseo personal, pero tras una jornada laboral de nueve horas me siento un poco sucio y pegajoso. Y además, me encanta sentir el agua caliente sobre mi pe…

¡Pero!…

¡Será posible!

¡Si está fría como el hielo!…

 

 

Imagen extraída de:

http://ivannespabellezaypunto.blogspot.com.es/2010/03/elementos-de-un-protocolo-para-un_9860.html

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